Ciudad de México, 31 de julio de 2025 – La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció este miércoles que su gobierno logró un acuerdo con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para postergar por 90 días el incremento de aranceles a productos mexicanos, previsto para entrar en vigor el 1 de agosto. Esta medida representa una tregua significativa en el marco de las tensiones comerciales bilaterales que se han intensificado en los últimos meses.
El aplazamiento de los aranceles se consiguió tras una llamada telefónica entre ambos mandatarios, en la que abordaron temas sensibles como el comercio bilateral, la cooperación en seguridad fronteriza y el cumplimiento del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La conversación, según trascendió en ambos gobiernos, fue directa pero cordial, y permitió evitar un aumento que habría afectado a sectores clave como el automotriz, el acerero y el químico, particularmente el relacionado con insumos farmacéuticos como el fentanilo.
La presidenta Sheinbaum afirmó que se logró el “mejor acuerdo posible”, asegurando que México no tuvo que hacer concesiones extraordinarias. Recalcó que la estrategia se basó en mantener la cabeza fría, mostrar firmeza y defender el interés nacional sin romper los canales de diálogo. La mandataria también rechazó categóricamente que su gobierno haya entregado listas de criminales a cambio del acuerdo, como sugirieron algunos sectores de la oposición.
Por su parte, el presidente Trump hizo pública su satisfacción con el resultado de la conversación y confirmó que los aranceles actuales se mantendrán sin cambios durante el plazo de la prórroga. No obstante, advirtió que espera avances sustanciales en temas como la cooperación contra el narcotráfico y la migración irregular en la frontera sur, temas que considera centrales en su estrategia para garantizar la seguridad nacional.
El contexto de este acuerdo tiene raíces en la decisión unilateral del gobierno estadounidense de elevar los aranceles a sus socios comerciales más cercanos como medida de presión para forzar cambios en ciertas prácticas que, según Washington, violan los compromisos del T-MEC. México, que en febrero logró una suspensión temporal de las medidas, enfrentaba ahora una nueva ronda de sanciones económicas que podrían haber generado inestabilidad en múltiples sectores productivos.
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum subrayó que aproximadamente el 85% de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos ya cumplen con las reglas de origen establecidas en el T-MEC, lo que le dio a México una posición sólida para negociar. Además, expresó su intención de utilizar estos 90 días para avanzar hacia un acuerdo de largo plazo que brinde certidumbre a los mercados y a los actores económicos de ambos países.
En el ámbito empresarial, la noticia fue recibida con alivio. Cámaras industriales y exportadores señalaron que un aumento en los aranceles habría encarecido significativamente la cadena de suministros, afectando no solo a las empresas mexicanas sino también a fabricantes estadounidenses que dependen de componentes producidos en México.
Sin embargo, la oposición política cuestionó el optimismo del gobierno federal. Algunos líderes del Partido Acción Nacional y del Partido Revolucionario Institucional señalaron que la prórroga no debe interpretarse como una victoria definitiva, sino como una oportunidad para replantear la estrategia comercial de México en un entorno geopolítico volátil. También advirtieron que depender excesivamente de la buena voluntad del gobierno de Trump podría ser riesgoso, considerando su historial de decisiones inesperadas y su estilo negociador confrontativo.
A nivel internacional, analistas coinciden en que este episodio reafirma la relevancia de México como socio estratégico de Estados Unidos, pero también revela la fragilidad del marco multilateral frente a presiones unilaterales. La prórroga de los aranceles, aunque bienvenida, es una solución temporal que no resuelve las tensiones estructurales en la relación bilateral.
El gobierno mexicano aseguró que mantendrá un monitoreo constante de las negociaciones y que informará de manera transparente cualquier nuevo desarrollo. En palabras de la propia Sheinbaum, “esta no es una victoria definitiva, pero sí un paso importante hacia un acuerdo comercial más justo y sostenible”.
La atención ahora se centrará en los próximos tres meses, un periodo clave en el que ambos gobiernos deberán demostrar voluntad política para traducir esta tregua en un entendimiento permanente. Mientras tanto, México se prepara para seguir defendiendo su soberanía económica sin romper los lazos que lo unen a su principal socio comercial.
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