Sheinbaum reporta baja de 32 % en homicidios

Introducción: una cifra que llama la atención

En el marco del primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum, las cifras oficiales revelan una reducción del 32 % en los homicidios dolosos, una caída que el Ejecutivo federal ha promovido como uno de sus principales logros en materia de seguridad. Sin embargo, esta declaración no está exenta de controversia: otras dimensiones del fenómeno criminal –como desapariciones, delitos de extorsión y la percepción ciudadana– reflejan una realidad menos optimista. Analizar la relevancia real de esa baja exige ponerla en contexto, revisar sus condiciones, examinar sus límites y ponderar sus implicaciones políticas.


Datos oficiales: ¿qué informan las autoridades?

Según la información difundida por el Gobierno de México, los homicidios dolosos pasaron de un promedio de 86.9 diarios en septiembre de 2024 a 59.5 diarios en septiembre de 2025, lo que representaría la reducción señalada del 32 %. La Presidencia también puntualizó que en septiembre de 2025 se reportaron 27 homicidios menos que en el mismo mes del año anterior, marcando esa cifra como el “septiembre más bajo en diez años”. El promedio diario de homicidios habría bajado de 81 a 55 víctimas en el primer año de gestión, de acuerdo con registros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Estas estadísticas permiten cuantificar la magnitud aparente del descenso, pero no explican por sí mismas su origen ni su sostenibilidad.


Factores posibles detrás de la caída

Diversos analistas apuntan a una combinación de factores que podrían estar detrás del descenso:

  1. Coordinación entre niveles de gobierno. La estrategia nacional combina fuerzas federales con entidades estatales y municipios mediante inteligencia, operaciones focalizadas e intervención territorial.
  2. Prevención y estrategias locales. En municipios con alta incidencia se habrían intensificado patrullajes, vigilancia en zonas de riesgo e intervención comunitaria.
  3. Despliegues estratégicos e inteligencia. En algunos estados conflictivos se han desarticulado células criminales o capturado líderes relevantes, reduciendo momentáneamente la violencia.
  4. Desgaste delictivo y redistribución territorial. Algunos cárteles podrían estar reduciendo su actividad en regiones saturadas o en reacomodo interno.
  5. Efectos estadísticos o coyunturales. Ciertos meses con menor actividad criminal podrían amplificar la impresión de una reducción sostenida.

Si bien estos factores pueden explicar parte del fenómeno, no bastan para considerarlo estructural sin un seguimiento de largo plazo.


Las sombras detrás de las cifras

Aunque la baja en homicidios es un logro estadístico, otros indicadores muestran señales preocupantes. Las desapariciones han aumentado significativamente, registrando más de 13 000 casos en el último año, una cifra que podría marcar un récord histórico. De igual manera, las denuncias por extorsión han crecido cerca del 8 %, lo que mantiene altos niveles de temor en la población.

La percepción de inseguridad sigue siendo elevada: siete de cada diez mexicanos dicen sentirse inseguros en su entorno. Este dato refleja una desconexión entre las cifras oficiales y la experiencia ciudadana. Además, algunos estados mantienen índices de homicidio prácticamente inalterados, lo que sugiere que la mejora no es homogénea.


Reacciones políticas y uso mediático

La administración federal ha presentado la cifra del 32 % como uno de los mayores éxitos del primer año de gobierno. No obstante, la oposición y diversos especialistas han cuestionado que esta reducción se deba exclusivamente a políticas públicas, sugiriendo que las dinámicas del crimen organizado y las variaciones territoriales también influyen. Algunos observadores advierten que el gobierno podría estar utilizando las cifras como herramienta de legitimación política en lugar de ofrecer una evaluación integral del problema.


Comparaciones históricas y sostenibilidad

Si la tendencia se mantiene, 2025 podría cerrar con uno de los niveles de homicidios más bajos desde 2016. Sin embargo, sostener la reducción enfrenta desafíos considerables. Las organizaciones criminales continúan adaptándose y expandiéndose; las instituciones locales presentan debilidad estructural; y la impunidad persiste como un problema endémico que limita el impacto de cualquier estrategia de seguridad.

Además, existe el riesgo de que la reducción en homicidios se acompañe de incrementos en otros delitos, trasladando la violencia a formas menos visibles pero igualmente dañinas para la sociedad.


Proyecciones y próximos pasos

Para que esta disminución no sea temporal, se requiere fortalecer los mecanismos de transparencia y monitoreo ciudadano sobre los datos de seguridad. La desagregación por estados y municipios permitiría identificar zonas críticas y diseñar políticas más precisas. Asimismo, será fundamental invertir en programas de prevención social, empleo y educación que ataquen las causas estructurales de la violencia.

El fortalecimiento de las instituciones de procuración de justicia y la coordinación efectiva entre fuerzas federales y locales también serán determinantes para mantener los resultados y evitar rebrotes delictivos.


Conclusión

La caída del 32 % en los homicidios dolosos es, sin duda, un logro relevante para el gobierno de Claudia Sheinbaum y una señal alentadora en la lucha contra la violencia. Sin embargo, su verdadero significado depende de la capacidad del Estado para sostener la tendencia, reducir otros delitos y devolver la sensación de seguridad a la ciudadanía.
En un país donde las cifras suelen fluctuar entre la estadística y la percepción, el desafío no es solo mantener los números bajos, sino construir una paz duradera y tangible.

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