Renacer de una llamada ominosa
La primera entrega de The Black Phone (2021) dejó una marca profunda entre los fanáticos del terror: un secuestro, voces de ultratumba, un joven que escapaba del horror. Ahora ese universo regresa con Teléfono negro 2 (Black Phone 2), secuela dirigida nuevamente por Scott Derrickson y coescrita con C. Robert Cargill. Mientras mantiene personajes clave del original, la cinta apuesta por una evolución más oscura, más intensa, donde el trauma no se cura—sigue llamando.
El éxito comercial y crítico del primer filme —con una recaudación superior a los 160 millones de dólares frente a un bajo presupuesto— motivó a Blumhouse y Universal a desarrollar esta continuación. La producción había sido especulada desde 2022, y tras negociaciones y el regreso del elenco principal, se concreta esta nueva entrega con un enfoque sobrio pero aterrador.
Qué sabemos de la trama
Black Phone 2 se sitúa cuatro años después de los eventos de la primera película. Finney Blake, ahora con 17 años, trata de sobrellevar las secuelas psicológicas de haber sobrevivido al secuestro del Grabber. Pero la amenaza no ha desaparecido. Su hermana Gwen comienza a tener visiones perturbadoras de niños mutilados y recibe llamadas en sueños provenientes del teléfono negro, lo que la conecta más directamente con el horror que intentaron dejar atrás.
El film los llevará a un campamento de invierno llamado Alpine Lake, cuyo ambiente helado y aislado refuerza la sensación de vulnerabilidad. En ese escenario, los hermanos se enfrentarán a una fuerza vengativa que trasciende la muerte: el Grabber reaparece como entidad sobrenatural, usando las pesadillas y voces como armas para atacar desde el más allá. El peligro no está solo afuera, sino dentro de las mentes que quedaron marcadas.
El Grabber —interpretado nuevamente por Ethan Hawke— ahora reviste un aura más espectral, capaz de manifestarse en sueños y afectar la realidad externa de quienes lo escuchan, ampliando su poder más allá del cuerpo físico. Gwen, con su sensibilidad heredada para percibir lo oculto, se convierte en el punto de ancla por donde el horror retorna.
Estética, tono y apuestas narrativas
Para esta secuela, Derrickson y su equipo han buscado conservar los elementos que hicieron poderosa a la primera entrega (el aislamiento, el teléfono fantasmal, el terror psicológico), pero expandir el mundo hacia lo sobrenatural. El relato adquiere capas oníricas: las fronteras entre sueño y realidad se difuminan, y el terror funciona también en lo simbólico.
Visualmente, la película juega con contrastes fuertes: la calma helada del campamento en invierno, pasillos vacíos y cabinas telefónicas solitarias frente a momentos de terror abrupto e invasivo. El teléfono negro —objeto icónico de la franquicia— actúa como puente entre los muertos y los vivos, un ecosistema de voces que pueden arañar la cordura.
El guion evita explicar todo. Hay flashbacks que revelan fragmentos del pasado del Grabber, pistas simbólicas sobre su origen, pero sin pretender justificar cada horror. En lugar de eso, la secuela se enfoca en prolongar el enigma: el mal no paradójicamente se resuelve, se resiste.
El elenco que regresa… y nuevas incorporaciones
El retorno del elenco principal es uno de los grandes atractivos de Teléfono negro 2. Mason Thames retoma el papel de Finney, Madeleine McGraw vuelve como Gwen, y Jeremy Davies regresa como Terrence, su padre. Miguel Cazarez Mora, que interpretó a Robin en la primera entrega, también reaparece en un rol distinto.
El nuevo fichaje destacado es Demián Bichir, quien aporta peso con su presencia y una figura que apunta a entrelazar nuevas capas narrativas. También se suma Arianna Rivas, sumando sangre fresca al reparto que enfrentará los horrores del teléfono que no muere.
Ethan Hawke vuelve como el Grabber, pero esta vez proyectado fuera del cuerpo. Su actuación ahora se juguetea entre lo que fue y lo que puede ser desde el más allá: una presencia escalofriante que no necesita caminar para matar, si puede susurrarte al oído mientras duermes.
Expectativas, riesgos y anticipo de recepciones
La anticipación alrededor de Teléfono negro 2 es alta. El tráiler ya ha llamado la atención por escenas inquietantes: la cabina telefónica en el campamento abandonado, las llamadas al teléfono negro, las pesadillas de Gwen, la silueta del Grabber asomándose desde la nieve. Esa mezcla de lo tangible con lo espectral es un punto que muchos fans esperan que se profundice.
Pero hay riesgos. Expandir lo sobrenatural puede debilitar el terror íntimo que caracterizó al primer filme. Revelar demasiado del Grabber podría restarle misterio. Y repetir persecuciones, sustos previsibles o escenas de terror similares puede generar la sensación de déjà vu.
Aun así, las críticas tempranas que han visto Black Phone 2 en festivales hablan de que podría incluso superar a la original: mencionan atmósferas más densas, actuaciones intensas y una evolución en el horror que siente más ambiciosa. Algunas voces comparan al Grabber con figuras como Freddy Krueger: ya no solo un secuestrador, sino un ente que entra en los sueños para matar.
El lema “la llamada no termina” cobra sentido aquí: que el terror pueda persistir más allá del tiempo, del miedo inicial y de lo físico. Teléfono negro 2 no busca cerrar una historia, sino extenderla, con un hilo que tira hacia lo inesperado.
¿Por qué deberías verlo?
- Porque continúa una saga que posee un horror que no se olvida fácilmente.
- Porque la evolución del Grabber hacia lo sobrenatural añade dimensión al miedo.
- Porque Gwen y su capacidad para recibir voces abre caminos nuevos de tensión.
- Porque el invierno, el aislamiento, las cabinas telefónicas y los sueños crean un ecosistema amenazante perfecto para una noche de horror.
- Porque, aunque hay riesgos, la ambición de proponer algo más que sustos previsibles hace que esta entrega pueda ser destacada.
Teléfono negro 2 llega para reafirmar que algunas pesadillas no descansan… y que el teléfono sigue sonando.
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