Lo normal sería que una banda de talla mundial llegue a México, dé su concierto, venda camisetas, genere nostalgia y se vaya directo al aeropuerto.
Pero Linkin Park dijo: “¿Y si mejor nos volvemos taqueros un rato?”.
Así nació “Tortas Los Linkin”, un puesto efímero que apareció en el Mercado Colima, en la Roma Norte, durante su visita a Ciudad de México. Una idea tan absurda y brillante que solo podía funcionar aquí, donde una colaboración entre el rock alternativo y una torta de pierna no suena rara… suena deliciosa.
Un menú digno de headbanging culinario
El menú del puesto se llamó “From Zero”, como guiño al álbum que está celebrando su primer aniversario.
Y sí, cada torta tenía más personalidad que un solo de guitarra:
- “Heavy is the Crown”: pierna horneada + milanesa = una torta que te pega más fuerte que las letras existenciales de la banda.
- “Overflow”: la opción vegana, para demostrar que incluso el rock pesado puede tener corazón de quinoa.
- Y claro, algo picosito, porque si Linkin Park aprendió algo de México, es que aquí lo que no pica… no sabe.
La banda entendió el assignment: si vas a meterte en el mundo de la comida callejera, más te vale ofrecer sabores que hagan decir “uff” con la boca llena.
Arte callejero con actitud rockera
El cartel promocional lo creó la artista mexicana Alina Kiliwa, y fue básicamente la mezcla perfecta entre un puesto de tortas clásico y el espíritu rebelde de la banda.
Una torta haciendo la señal de paz y amor.
No sabemos si la torta escucha “Numb”, pero la vibra la trae.
Ese tipo de detalles muestran que no llegaron a imponer su marca: llegaron a celebrar la nuestra.
Y en México eso siempre se agradece.
Más que promoción: una experiencia que huele a pan recién cortado
“Tortas Los Linkin” ofreció tortas gratis para los primeros 50 fans cada día.
Eso ya te gana el cielo mexicano.
Pero también había merch exclusiva:
playeras, tazas y hasta máscaras de luchador con el logo del puesto.
Porque claro, si vas a mezclar rock, comida callejera y cultura mexicana, más vale que alguien salga del lugar gritando:
“WE ARE, WE ARE… ¡LOS LUCHADORES!”
La experiencia se sintió más íntima, más humana y menos corporativa.
Algo que pocas bandas se atreven a hacer.
¿Por qué funciona tan bien algo tan ridículo y tan perfecto?
Porque Linkin Park entendió dos cosas:
- En México, la comida es una forma de afecto.
- Un puesto de tortas conecta más que mil boletos VIP.
Es marketing, sí, pero también es cultura, cercanía y humor.
No vinieron solo a promocionar música: vinieron a compartir un momento.
Y en un mundo donde las giras globales suelen sentirse frías y estándar, que una banda mundialmente famosa decida vender tortas… es mágico.
Mientras siguen celebrando su nominación al Grammy 2026, su parada en México dejó claro que su relación con el país no es solo profesional: es emocional, cultural y ahora también gastronómica.
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