México pierde terreno: PIB per cápita ya es menor

República Dominicana supera el PIB de México El desempeño económico de México en las últimas décadas revela una trayectoria preocupante en materia de crecimiento y desarrollo relativo, según el análisis presentado por Ernesto Revilla, economista en jefe para América Latina de Citigroup. Una de las comparativas más elocuentes es la evolución del Producto Interno Bruto por habitante. En la década de los noventa, el PIB per cápita de México se ubicaba por encima del de China y República Dominicana de manera significativa. Sin embargo, esa ventaja se ha esfumado y revertido con el paso de los años. Para 2020, México ya se había equiparado con ambas naciones, y según los datos más recientes de 2024, el PIB per cápita mexicano se sitúa un 10 por ciento por debajo del de China y República Dominicana. Este retroceso relativo simboliza la pérdida de terreno de la economía mexicana en el contexto internacional y subraya su crónico problema de bajo crecimiento. Revilla identificó este bajo crecimiento económico como el “gran problema macro” de México, un diagnóstico que ilustra con cifras recientes. Durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), el crecimiento promedio anual del PIB total fue de apenas un 0.9 por ciento. Cuando este magro crecimiento se ajusta al incremento poblacional, el resultado es aún más desalentador: en términos de PIB per cápita, la economía mexicana esencialmente no creció a lo largo de esos seis años. Esta estagnación significa que, en promedio, el ingreso y la producción por persona no mejoraron durante todo ese periodo, explicando en parte la pérdida de posición relativa frente a países que sí lograron expandirse con mayor dinamismo. Las perspectivas para la actual administración, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, tampoco parecen anunciar un cambio de paradigma hacia un crecimiento vigoroso. Tomando en cuenta el exiguo crecimiento del 0.3 por ciento estimado para 2025, una proyección del 1 por ciento para 2026 y los pronósticos para los siguientes cuatro años, Revilla calcula que el sexenio en curso tendría un crecimiento promedio anual del PIB de alrededor del 1.5 por ciento. Esta cifra, aunque ligeramente superior a la del periodo anterior, sigue siendo considerablemente menor al potencial de crecimiento que, según los analistas, tiene la economía mexicana. El experto atribuye la debilidad reciente a una combinación de factores internos y externos. Por un lado, la incertidumbre generada por la posible renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y los vaivenes del sector externo en 2025 ejercieron una presión negativa. Por otro lado, factores domésticos como la falta de inversión pública y la baja rentabilidad percibida de la inversión que sí se realizó, contribuyeron a deprimir la actividad económica. Para 2026, Citigroup proyecta un crecimiento del 1 por ciento, un repunte modesto desde el piso del 0.2-0.3 por ciento registrado en 2025. Revilla explica que esta leve aceleración se sustentaría en un entorno externo más favorable y una “normalización moderada” en la inversión, tras la “recesión muy profunda” que sufrió este rubro el año anterior. Un factor clave de optimismo es la expectativa de que el T-MEC se renegocie de manera ordenada, lo que ayudaría a “destrabar el mal ambiente” que ha rodeado a la llegada de nueva inversión, devolviendo cierta certidumbre a los empresarios y capitales extranjeros. En el frente del consumo interno, el análisis prevé un momento favorable. El mercado laboral muestra signos de recuperación con una tasa de desempleo baja, lo que debería traducirse en mayor seguridad y poder adquisitivo para los hogares. Aunque el flujo de remesas se está desacelerando respecto a los picos históricos, se mantiene en niveles lo suficientemente altos como para seguir dando un soporte sólido al gasto familiar. A esto se suma el impacto continuo de los programas sociales de transferencias gubernamentales, que inyectan recursos directamente a un segmento amplio de la población. En síntesis, el diagnóstico de Revilla pinta un cuadro de una economía que ha perdido dinamismo y posición relativa a nivel global, arrastrada por años de crecimiento anémico. Si bien se vislumbran algunos vientos de cola para 2026 que podrían impulsar una recuperación muy modesta, el crecimiento proyectado sigue siendo insuficiente para cerrar las brechas de desarrollo, recuperar el terreno perdido frente a economías como la china y, sobre todo, para generar la prosperidad amplia y acelerada que el país necesita.

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