La economía mexicana estancada, pero con peso fuerte La economía mexicana cerró el año pasado sumida en un preocupante estancamiento, un fenómeno cuya gravedad no se percibe en su totalidad debido al relativo dinamismo que aún muestra el sector externo. El crecimiento promedio del Producto Interno Bruto en los últimos siete años ha sido de apenas un 0.7 por ciento anual, una tasa claramente insuficiente para compensar el aumento de la población, lo que se traduce en una reducción constante del ingreso por habitante. Este bajo crecimiento es resultado directo de una contracción significativa en la inversión, la cual determina las posibilidades de expansión futura. Un síntoma claro de este deterioro es la reducción en el número de empresas formales registradas en el Instituto Mexicano del Seguro Social, las cuales cayeron en 25,667 unidades, limitando así la creación de empleos formales. La economía mexicana se caracteriza por tener más trabajadores en la informalidad que en el sector formal; estos trabajadores, que representan el 56 por ciento del total y generan el 23 por ciento del PIB, no pagan impuestos directos ni cuentan con seguridad social, lo que debilita las finanzas públicas y la protección social. La inflación mostró una ligera reducción respecto al año anterior, contenida principalmente por la evolución de los precios subyacentes y por el abaratamiento de los bienes importados debido a la apreciación del peso. Sin embargo, los analistas consideran que esta situación no es sostenible a mediano plazo, por lo que es previsible una tendencia alcista de los precios en los primeros meses del año en curso. El Banco de México enfrentará el difícil reto de contener esta presión inflacionaria sin contar con el apoyo necesario de unas finanzas públicas saludables. Aunque existe un esfuerzo por corregir el elevado déficit público, el creciente servicio de la deuda gubernamental y el costo de los nuevos programas sociales impiden lograr avances significativos en esta materia. En el ámbito externo, la economía mexicana enfrenta el fuerte incremento de aranceles impuesto por el gobierno de Estados Unidos a la mayoría de sus socios comerciales. Paradójicamente, en el corto plazo esta medida podría beneficiar relativamente a México, ya que el arancel promedio aplicado a los productos mexicanos es menor que el impuesto a otras naciones, haciendo a las exportaciones mexicanas más competitivas en términos relativos. Al mismo tiempo, factores como las tasas de interés relativamente más altas en México, la confianza internacional en el Banco de México y la importancia del peso en los mercados globales de divisas han creado un entorno propicio para operaciones de “carry-trade”, lo que ha generado una apreciación del peso. No obstante, esta fortaleza cambiaria es considerada inestable y susceptible de revertirse ante eventos internos o externos adversos. Bajo condiciones normales, se anticipa que la economía mexicana mantendría en 2026 un escenario de bajo crecimiento cercano al 1 por ciento, una inflación ligeramente superior, rondando el 5 por ciento, y un déficit público elevado, próximo al 5 por ciento del PIB, aunque menor que el de Estados Unidos. También podrían presentarse presiones alcistas en las tasas de interés, lo que deterioraría la balanza comercial. Sin embargo, el panorama global se ha vuelto extraordinariamente volátil y amenazante. La excesiva deuda pública acumulada por la mayoría de las naciones desarrolladas ha desequilibrado sus finanzas gubernamentales, impactando sus políticas sociales y el comercio internacional. Este desorden financiero está provocando la destrucción progresiva de la estructura institucional global creada tras la Segunda Guerra Mundial, diseñada para fomentar el comercio y establecer incentivos para la paz. En un movimiento sin precedentes, Estados Unidos se ha retirado recientemente de 66 organizaciones internacionales dedicadas a temas como medio ambiente, desarrollo, igualdad de género y seguridad. Destaca especialmente el retiro del apoyo a la OTAN, una alianza que durante décadas ha disuadido una carrera armamentista en Europa. Eventos geopolíticos como las amenazas sobre el futuro de Groenlandia representan un terremoto para el orden internacional de las últimas décadas. La profundidad y duración de esta desestabilización determinarán el entorno en el que tendrá que operar la economía mexicana. En este contexto de incertidumbre global, la capacidad de México para implementar medidas internas que fortalezcan y dinamicen su propia economía se vuelve más crucial que nunca, ya que de ello dependerá su resiliencia para enfrentar el turbulento nuevo orden que se avecina.
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