Carcajadas y gore: el sello inconfundible del cine de Sam Raimi
El 2026 arrancó con una noticia que entusiasmó a los amantes del cine de género: el regreso de Sam Raimi con ¡Ayuda!, una nueva película que vuelve a poner en la conversación a uno de los directores más influyentes del horror contemporáneo. Y no es exageración. Raimi no sólo es referente del terror con tintes cómicos, también fue pieza clave para detonar el cine de superhéroes del siglo XXI con su trilogía de Spider-Man protagonizada por Tobey Maguire.
Sin embargo, antes de colgarse el traje arácnido en su filmografía, Raimi ya había construido una carrera singular. Su sello distintivo surgió de una combinación que, aunque no inventó, sí reinventó con personalidad propia: la comedia slapstick mezclada con horror gore. Una fórmula que, en sus manos, pasó de curiosidad a marca de autor.
¿Qué es el slapstick?
El término slapstick se refiere a la comedia física. Su origen está en el circo, donde se utilizaban palos o bastones que al golpearse producían sonidos fuertes para exagerar caídas y tropiezos.
En México, lo más cercano sería el clásico “pastelazo”: humor exagerado, visual, a veces absurdo y deliberadamente ridículo. Pero que nadie se confíe: provocar risa con el cuerpo y la acción requiere precisión, ritmo y mucha coordinación.
Durante años, algunos comediantes consideraron el slapstick como humor “fácil”. La realidad es distinta. La comedia física depende menos del diálogo y más del timing, la expresión corporal y la puesta en escena. Cuando funciona, es universal: cualquiera puede entender un buen golpe cómico, incluso sin compartir idioma.
El slapstick en el cine mudo
En la época del cine mudo, el slapstick fue fundamental para mantener la atención del público. Al no haber diálogos, la creatividad visual era la reina del espectáculo. Movimientos de cámara, escenografías ingeniosas y actuaciones físicas daban forma a historias llenas de ritmo.
De ahí surgieron gigantes como Charles Chaplin y Buster Keaton, verdaderos arquitectos de la comedia visual. Y si se habla de slapstick puro y desatado, Los Tres Chiflados son referencia obligada. Su estilo exagerado y físico sentó bases que aún hoy se replican.
Cuando la comedia se encontró con el horror
Con la evolución del cine y la llegada de nuevas tecnologías, el slapstick tuvo que adaptarse. Pasó por etapas de rechazo antes de reinventarse y encontrar nuevos espacios. Uno de ellos fue el horror.
La mezcla puede parecer extraña: risas y sangre en la misma escena. Pero justo en ese contraste extremo nació un subgénero irresistible. Y si hay un director que domina esa dualidad, es Sam Raimi.
El estilo Raimi
Raimi comenzó filmando en formato 8 mm con presupuestos mínimos y la ayuda de amigos y familiares. Desde entonces mostró gusto por la experimentación: cámaras en movimiento vertiginoso, ángulos inclinados, acercamientos bruscos y efectos prácticos que hacían sentir al espectador dentro del caos.
Su cine exige fisicalidad total a los actores. Nadie encarna mejor esto que Ash Williams, interpretado por Bruce Campbell, un héroe que recibe golpes, cae, grita, se arrastra… y aun así sigue adelante. En el universo de Raimi, el sufrimiento del protagonista suele ser tan excesivo que termina siendo cómico.
La sangre, las vísceras y los sustos no sólo buscan impactar. También recuerdan al espectador que está viendo una película. Raimi juega con el artificio del cine; no pretende realismo absoluto, sino entretenimiento consciente y desenfrenado.
Y ahí radica parte de su grandeza: entiende que el cine, en su esencia más simple, también es diversión.
Películas donde brillan el slapstick y el horror
Aunque buena parte de su filmografía coquetea con esta mezcla, algunas obras la representan mejor:
• The Evil Dead
• Evil Dead II
• Army of Darkness
• Drag Me to Hell
• ¡Ayuda!
Estas películas muestran cómo el miedo y la risa pueden coexistir. El espectador puede taparse los ojos… y al segundo siguiente soltar una carcajada.
¡Ayuda!, su regreso en 2026
La nueva película de Raimi presenta a Linda, una mujer socialmente torpe pero sumamente eficiente en su trabajo. Todo indica que será ascendida a vicepresidenta de la empresa donde labora, hasta que el control pasa al hijo del dueño, quien otorga el puesto a alguien mucho menos capaz.
El destino da un giro cuando Linda y su nuevo jefe emprenden un viaje que termina en accidente aéreo y los deja varados en una isla. Ahí, las jerarquías laborales pierden sentido y las verdaderas habilidades salen a flote.
La cinta cambia de tono con naturalidad: por momentos parece thriller de supervivencia, luego horror psicológico, después comedia incómoda e incluso coquetea con el romance. El resultado es impredecible, algo que Raimi disfruta provocar. El espectador nunca sabe qué viene… y justo eso es parte del encanto.
Un legado que se nota en otros filmes
La huella de Raimi puede rastrearse en varias películas que combinan humor y terror:
• Braindead (1992)
• Shaun of the Dead (2004)
• Tucker & Dale vs. Evil (2010)
• The Wretched (2019)
• M3GAN (2022)
Todas, en mayor o menor medida, juegan con esa cuerda floja entre la risa y el sobresalto.
Sam Raimi, el artesano del caos divertido
Hablar de Sam Raimi es hablar de un director que nunca ha tenido miedo al ridículo, al exceso ni al desborde visual. Su cine es energético, juguetón y consciente de sí mismo.
Puede que no todos disfruten ver litros de sangre acompañados de humor, pero quienes conectan con su estilo saben que detrás hay precisión, oficio y amor por el espectáculo.
Porque si algo ha demostrado Raimi, es que en el cine también se vale gritar de miedo… y reírse dos segundos después. Y lograr ambas cosas al mismo tiempo, créanlo, no es nada sencillo.
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