La brecha mundialista: turistas con tarjeta y taqueros con efectivo
A pocos meses del inicio de la Copa Mundial de Fútbol 2026, mientras los aficionados se preparan para el espectáculo deportivo, miles de pequeños comercios ubicados cerca de estadios y zonas turísticas enfrentan un obstáculo que podría limitar su participación en la derrama económica: la falta de infraestructura para aceptar pagos digitales. Esta brecha financiera expone la persistente dependencia del efectivo en amplios segmentos de la economía informal y amenaza con traducirse en ventas perdidas, frustración para los visitantes internacionales y cuellos de botella operativos.
El contraste es evidente en zonas como los alrededores del Estadio Banorte, al sur de la Ciudad de México. Mientras cadenas formales de restaurantes y bares cuentan con terminales punto de venta, muchos puestos de tacos, vendedores ambulantes de elotes o tlayudas operan casi exclusivamente con billetes y monedas. Comerciantes como Luis, dueño de un puesto de tacos, explican su resistencia a adoptar terminales bancarias tradicionales por la desconfianza en comisiones poco claras y retrasos en la liquidación del dinero. Algunos han optado por aceptar transferencias bancarias nacionales, una solución útil para clientes locales pero inútil para turistas extranjeros que esperan pagar con tarjeta o aplicaciones globales.
La paradoja es que existen soluciones de bajo costo, como CoDi del Banco de México, que permite cobros mediante códigos QR sin comisiones. Sin embargo, la barrera no es solo tecnológica, sino cultural e institucional. Muchos micronegocios prefieren mantenerse fuera del radar fiscal y perciben al sistema financiero formal como complejo y poco transparente.
El costo potencial de esta brecha es significativo. La Secretaría de Turismo estima que el Mundial atraerá alrededor de 65 millones de visitantes y generará una derrama cercana a los 3,000 millones de dólares. Sin pagos digitales, una parte de ese flujo podría simplemente esquivar a los pequeños comercios. Un análisis de la plataforma Adyen indica que solo cuatro de cada diez negocios en México aceptan métodos de pago internacionales, una limitante crítica ante turistas con una clara preferencia por transacciones sin efectivo.
Daniel Zaga, economista en jefe de Deloitte México, advierte que el evento será una vitrina global donde las fricciones en el pago pueden dañar la percepción del país. Para visitantes de economías como Dinamarca, donde el uso de efectivo es inferior al 7%, la dependencia mexicana del billete representa un cambio de paradigma que genera incomodidad en el punto de venta.
El trasfondo es estructural. En 2024, la economía informal representó el 25.4% del PIB nacional, con una alta concentración en el comercio minorista, justo el sector que atenderá a buena parte de los aficionados. El Mundial no solo pondrá a prueba la capacidad hotelera y de transporte, sino que exhibirá la distancia entre una economía globalizada y digital y un vasto tejido de microempresas que aún opera en los márgenes financieros.
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