Drones derriban helicóptero en Colombia

El ataque en Antioquia

El 21 de agosto de 2025, un helicóptero de la Policía Nacional de Colombia fue derribado en el departamento de Antioquia mediante el uso de drones con explosivos, un hecho que marca un preocupante precedente en la guerra contra el narcotráfico y los grupos armados en el país. El ataque dejó al menos ocho policías muertos y varios heridos, convirtiéndose en uno de los golpes más letales contra la fuerza pública en los últimos años.

La aeronave participaba en un operativo de erradicación de cultivos ilícitos cuando fue interceptada por artefactos aéreos no tripulados cargados con explosivos, lo que provocó su caída en una zona rural de difícil acceso.


Responsables e hipótesis

El presidente Gustavo Petro atribuyó inicialmente el ataque al Clan del Golfo, el grupo criminal más poderoso del país, conocido por su control sobre rutas de narcotráfico en la región de Urabá y su capacidad de despliegue armado. Sin embargo, investigaciones posteriores apuntan a que disidencias de las FARC, particularmente el Frente 36 del Estado Mayor Central, podrían estar detrás de la operación, debido a su presencia en la zona y a antecedentes en el uso de drones con fines militares.

El hecho pone de relieve la sofisticación de los métodos empleados por las organizaciones armadas ilegales, que han incorporado tecnologías antes reservadas a ejércitos regulares.


Repercusiones inmediatas

Tras el ataque, el gobierno colombiano reforzó la presencia militar en Antioquia y ordenó operaciones de búsqueda para capturar a los responsables. También se decretó el despliegue de unidades especiales de inteligencia para rastrear el origen de los drones y la logística detrás de la emboscada.

Al mismo tiempo, el incidente provocó un incremento en la alerta de seguridad en otras regiones donde operan tanto el Clan del Golfo como facciones disidentes de las FARC, ante el riesgo de que este tipo de ataques se replique.


El uso de drones en la guerra irregular

El atentado confirma una tendencia creciente: el uso de drones como armas en conflictos internos. En países como Siria, Ucrania y México ya se han documentado casos similares, donde estos dispositivos se utilizan para ataques precisos y de bajo costo frente a fuerzas estatales.

En Colombia, aunque ya se habían reportado intentos previos, este es el primer caso confirmado en que un helicóptero es derribado con esta tecnología. Expertos en seguridad advierten que este cambio eleva la vulnerabilidad de las operaciones aéreas de la policía y las fuerzas armadas, obligando a replantear estrategias de defensa.


Un país bajo presión

El ataque en Antioquia no fue un hecho aislado. Ese mismo día, un camión cargado de explosivos detonó cerca de una base militar en Cali, dejando varias víctimas y profundizando la percepción de escalada de violencia. En total, los hechos de esa jornada provocaron más de una decena de muertes y sembraron temor en distintas regiones.

El gobierno de Petro enfrenta críticas de la oposición, que lo acusa de falta de control territorial y de haber debilitado la respuesta militar frente a los grupos armados al privilegiar las negociaciones de paz. Petro, en contraste, defendió su política de “paz total”, aunque reconoció que ataques de esta magnitud ponen a prueba la viabilidad de los diálogos con actores ilegales.


Reacciones internacionales

Gobiernos de la región y organismos internacionales condenaron el ataque, expresando solidaridad con Colombia. Estados Unidos ofreció cooperación técnica para investigar el uso de drones explosivos, mientras que la Unión Europea reiteró su respaldo a los esfuerzos de paz, al tiempo que instó a los grupos ilegales a cesar la violencia.

El incidente podría tener repercusiones en los programas de cooperación internacional, especialmente en materia de lucha contra el narcotráfico y asistencia militar.


Conclusión

El derribo del helicóptero en Antioquia simboliza un punto de inflexión en el conflicto colombiano: la combinación entre narcotráfico, disidencias armadas y nuevas tecnologías está redefiniendo las amenazas de seguridad. La tragedia plantea un reto doble para el gobierno: mantener la ruta del diálogo sin descuidar la capacidad de respuesta militar.

En un país con décadas de violencia, el uso de drones como arma letal marca el inicio de una nueva etapa de incertidumbre y obliga a pensar en estrategias más sofisticadas de seguridad y defensa.

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