Un aumento leve, pero con señales que preocupan
La inflación general en México registró un incremento y se ubicó en 3.61% anual durante la primera quincena de noviembre. A simple vista, el repunte parece moderado y dentro del rango objetivo del Banco de México; sin embargo, al analizar la composición del indicador, se observa un panorama más complejo y desafiante para los hogares mexicanos.
La inflación subyacente —que excluye productos de alta volatilidad como combustibles, electricidad o frutas y verduras— continúa elevada, alrededor de 4.32%. Este componente es particularmente relevante porque refleja presiones estructurales en precios de servicios, alimentos procesados, mercancías y vivienda. Cuando la subyacente se mantiene firme, significa que el costo de vida no cede, incluso cuando la inflación general parece controlada.
A pesar de avances en meses previos, estas cifras confirman que la desinflación perdió impulso, y que algunos sectores empresariales han trasladado costos de insumos, logística y energía a los consumidores. Para las familias, esto se traduce en gastos cotidianos más altos y menor capacidad de compra, especialmente en alimentos, transporte, educación y servicios básicos.
Impacto para los hogares: ¿por qué se sigue sintiendo todo “caro”?
Aunque la inflación ya no se encuentra en niveles críticos como los observados entre 2022 y 2023, el efecto acumulado sobre los bolsillos ha sido profundo. El aumento persistente en servicios, rentas y mercancías genera una sensación de que el costo de la vida diaria sigue en ascenso.
Los rubros que más presionan al gasto familiar incluyen:
- Alimentos procesados y bebidas, que mantienen aumentos constantes.
- Servicios personales y educativos, impulsados por salarios y costos operativos más altos.
- Vivienda y rentas, con incrementos que superan el promedio general.
- Transporte y logística, afectados por precios internacionales y ajustes internos.
Este conjunto de presiones hace que la inflación “se sienta” más fuerte de lo que indican los datos oficiales. El gasto en servicios —difícil de sustituir— es el que más pesa en el presupuesto de la clase media trabajadora.
¿Qué significa para Banxico?
Para el Banco de México, el comportamiento de la inflación subyacente es una señal clara: no es momento de relajar la política monetaria. Aunque el banco central ha mantenido una postura prudente, la persistencia de presiones internas limita la posibilidad de recortar la tasa de referencia sin riesgo de reavivar la inflación.
La institución se mueve en un equilibrio delicado: si mantiene la tasa alta demasiado tiempo, podría desacelerar aún más la actividad económica; pero si baja la tasa demasiado pronto, podría provocar un rebote inflacionario. Este dilema se volverá más relevante en 2026, cuando el país enfrente un entorno global incierto y volatilidad internacional.
Banxico recorta a 0.3% su pronóstico de crecimiento para 2025
Una economía que entra en terreno de estancamiento
En su informe trimestral, el Banco de México redujo su expectativa de crecimiento económico para 2025 a 0.3%, desde el 0.6% previamente proyectado. El ajuste obedece a la contracción del PIB durante el tercer trimestre del año, que reflejó caídas importantes en la actividad industrial, manufacturera y de construcción.
México enfrenta un escenario en el que la economía no avanza al ritmo necesario para compensar la inflación acumulada, mejorar salarios o atraer inversión de forma robusta. La desaceleración global, la debilidad en exportaciones y la incertidumbre regulatoria en sectores como energía o infraestructura han contribuido a un entorno económico más lento.
Sectores con más retrocesos
El informe del banco central detalla los sectores que más han resentido la desaceleración:
• Manufactura
Afectada por menor demanda de Estados Unidos, disrupciones logísticas y encarecimiento de insumos.
• Construcción
Un sector históricamente volátil, que en 2025 enfrenta menor inversión privada, retrasos en proyectos y falta de financiamiento.
• Minería
Con caídas ligadas a la baja en producción y conflictos regulatorios.
Las actividades primarias y de servicios tuvieron un desempeño estable, pero insuficiente para equilibrar el retroceso de los sectores industriales.
Implicaciones para inversión, empleo y políticas públicas
• Inversión
El ambiente de bajo crecimiento y persistente inflación desincentiva inversión privada, que podría mantenerse contenida hasta tener mayor claridad regulatoria y financiera.
• Empleo
La desaceleración podría frenar la creación de empleos formales, especialmente en manufactura y construcción, sectores que tradicionalmente absorben mano de obra.
• Políticas públicas
El gobierno enfrenta presión para instrumentar estímulos o programas contracíclicos que detonen actividad. Las decisiones que se tomen de cara a 2026 serán cruciales para evitar que el país entre en una fase prolongada de estancamiento.
Un 2025 desafiante para la economía mexicana
La combinación de inflación resistente y crecimiento débil coloca a México en una posición delicada. No se trata de un escenario de crisis, pero sí de un año en el que la economía podría avanzar apenas por inercia. La capacidad de reacción del gobierno, la política monetaria prudente y la evolución de la economía estadounidense serán factores clave para determinar si el país logra recuperar dinamismo o si entra en un periodo más prolongado de estancamiento estructural.
Referencias
- INEGI – Informe quincenal de inflación
- Banco de México – Informe Trimestral del 3T 2025
- Reportes económicos de medios nacionales sobre inflación subyacente
- Análisis de especialistas en política monetaria y actividad industrial
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