Marina Lambrini Diamandis, conocida mundialmente como Marina, volverá a México en 2026 con un concierto que promete ser uno de los eventos pop más esperados del año. Tras su paso por escenarios masivos y su capacidad para convertir cada presentación en una experiencia visual y emocional, la artista prepara un show en solitario que permitirá ver su universo completo: sin recortes, sin prisas y con el tipo de conexión directa que solo ocurre cuando una cantante se entrega a su público en un recinto propio.
La cita será en la Ciudad de México, en el Pepsi Center WTC, un espacio ideal para un espectáculo que mezcla teatralidad pop con cercanía. Para sus fans, este concierto no es simplemente “una fecha más”, sino el regreso de una artista que ha sabido reinventarse una y otra vez sin perder el sello que la distingue: letras que golpean, melodías que se clavan y una estética que no pide permiso.
De “Marina and the Diamonds” a Marina: una carrera hecha de cambios
Parte del encanto de Marina es que su trayectoria se siente como un viaje. No solo ha cambiado de sonido: ha cambiado de piel. Desde sus inicios, la artista se posicionó como una voz distinta dentro del pop alternativo, construyendo canciones con una mezcla rara y poderosa: vulnerabilidad emocional con filo irónico, romanticismo con crítica, brillo con oscuridad.
Su etapa como Marina and the Diamonds marcó a una generación que encontró en su música algo más que entretenimiento: encontró identidad. Con el tiempo, Marina se despegó del personaje para acercarse más a sí misma, y ese proceso ha sido visible en cada disco, cada estética y cada narrativa.
Los discos que construyeron su universo
Marina no tiene una discografía “plana”: cada álbum tiene una personalidad propia. Y eso hace que su concierto en México tenga un atractivo extra, porque el setlist puede moverse entre épocas muy distintas sin perder coherencia.
- Electra Heart (2012) se convirtió en un fenómeno cultural. Fue más que un álbum: fue un concepto. Una exploración de feminidad, deseo, consumo y personajes, con canciones que se volvieron himnos para quienes crecieron sintiéndose “demasiado” para el mundo.
- FROOT (2015) mostró una Marina más madura, más segura de su identidad como autora, con un sonido más orgánico pero igual de intenso.
- Love + Fear (2019) presentó una dualidad emocional clara: la búsqueda de calma y la ansiedad coexistiendo en una misma era.
- Ancient Dreams in a Modern Land (2021) fue un regreso con dientes: crítica social, furia elegante y una energía que parecía decir “aquí sigo, pero ya no soy la misma”.
- Y finalmente, su etapa más reciente, Princess of Power (2025), representa una evolución que mezcla libertad creativa, fuerza escénica y un pop que no teme ser enorme.
Esa variedad es justo lo que convierte este concierto en algo especial: Marina puede pasar de lo íntimo a lo explosivo en segundos, y su público la sigue porque cada etapa ha sido real, incluso cuando era un personaje.
Lo que hace especial verla en un show propio (y no en festival)
Una cosa es ver a Marina en un festival, con tiempo limitado, con un set recortado y un público que se divide entre varios artistas. Y otra muy distinta es verla en un concierto completamente suyo: donde cada canción tiene espacio, donde los cambios de vestuario y visuales se sienten como parte de una historia, y donde la artista puede respirar con el público.
En un show propio, Marina puede construir narrativa. Puede abrir con una canción poderosa, bajar a un momento emocional, volver a subir con un hit y cerrar con algo que se sienta como una explosión final. Ese tipo de montaña rusa emocional es exactamente lo que su música sabe hacer mejor.
Además, México suele ser un país donde los conciertos se viven con intensidad real: la gente canta fuerte, responde, grita, y convierte el show en un intercambio. Y Marina, que siempre ha tenido una relación especial con sus fans, suele crecerse cuando el público le regresa esa energía.
¿Qué podría sonar en el concierto?
Aunque el setlist final depende de la gira, hay algo casi seguro: el show será un equilibrio entre su etapa más reciente y los himnos que el público mexicano no está dispuesto a soltar.
Lo más probable es que haya un recorrido por:
- Canciones recientes que marcan su era actual, con producción más grande y estética más poderosa.
- Clásicos inevitables de sus álbumes más queridos.
- Momentos emocionales donde el público canta como si fuera un ritual colectivo.
- Un cierre que deje la sensación de “esto valió cada segundo”.
Marina tiene la ventaja de que sus canciones funcionan en vivo como catarsis: se pueden bailar, gritar o llorar. Y a veces, todo en la misma noche.
Un concierto para quienes crecieron con ella
Hay artistas que solo cambian el sonido. Marina cambió el discurso. Su música ha acompañado a personas en etapas de identidad, ruptura, reconstrucción, amor propio, enojo, vergüenza, libertad y reinvención.
Por eso este concierto en México se siente tan importante: porque no es solo un show, es un reencuentro con versiones pasadas de uno mismo. Con esa persona que escuchaba Primadonna sintiéndose invencible, o con quien escuchaba FROOT intentando sobrevivir una etapa difícil, o con quien abrazó su era más política y directa en Ancient Dreams in a Modern Land.
Marina llega a México no solo con un disco nuevo, sino con una carrera completa que ha demostrado algo esencial: el pop puede ser brillante y profundo al mismo tiempo.
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