EE.UU. acelera el regreso tripulado a la Luna entre presiones políticas La NASA ha iniciado la fase final de preparativos para lanzar en febrero la misión Artemis 2, el primer vuelo tripulado a la Luna en más de medio siglo, en un contexto marcado por tensiones internas, advertencias técnicas y una renovada competencia espacial con China. El objetivo es enviar a cuatro astronautas a un viaje de ida y vuelta alrededor del satélite natural, como paso previo a un futuro alunizaje, pero el calendario acelerado ha reavivado el debate sobre los riesgos que enfrenta la tripulación. La misión Artemis 2 llevará a Reid Wiseman como comandante, Victor Glover como piloto, y a Christina Koch y Jeremy Hansen —este último de la Agencia Espacial Canadiense— como especialistas. Durante unos diez días, la tripulación orbitará la Luna y regresará a la Tierra, poniendo a prueba por primera vez con personas a bordo el cohete SLS y la cápsula Orion, ambos desarrollos clave del programa Artemis. La presión sobre la agencia se intensificó tras la decisión del Gobierno estadounidense de adelantar el lanzamiento al 6 de febrero, varios meses antes de lo planeado originalmente. El ajuste busca mantener el liderazgo lunar frente a China, especialmente después de que la misión Artemis 3, que contempla un alunizaje, se haya pospuesto al menos hasta 2028. Este contexto político se suma a un momento delicado para la NASA, que también enfrenta la evacuación anticipada de un astronauta de la Estación Espacial Internacional por un problema médico no especificado. Las dudas han sido expresadas con especial contundencia por el astronauta Charles Camarda, experto en sistemas térmicos y veterano del primer vuelo del transbordador tras el accidente del Columbia en 2003. Camarda considera que la agencia está repitiendo patrones de gestión del riesgo similares a los que precedieron a los desastres del Challenger y del propio Columbia, al minimizar señales de advertencia técnicas en favor del calendario. Ante estas preocupaciones, la NASA optó por no sustituir el escudo térmico actual por el que se usará en Artemis 3, y en su lugar modificó el ángulo de entrada de la cápsula en la atmósfera para reducir el estrés térmico. A esto se suma otra incógnita relevante: el sistema ambiental y de soporte vital de Orion, diseñado en colaboración con la Agencia Espacial Europea, no ha sido probado completamente en vuelo, en particular el subsistema encargado de suministrar aire respirable. Pese a este escenario, la agencia ha decidido seguir adelante. En los próximos días comenzará el traslado del cohete SLS a la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy, un trayecto de varias horas para un vehículo de casi 100 metros de altura y más de 2.500 toneladas. Si las revisiones y pruebas de carga de combustible se completan sin contratiempos, la decisión final de lanzamiento podría tomarse a finales de enero, con la primera ventana de despegue fijada para el 6 de febrero.
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