La polémica patrimonial que sacude al Senado
En días recientes estalló una nueva controversia política: la divulgación de que Gerardo Fernández Noroña, presidente de la Mesa Directiva del Senado, adquirió una residencia en Tepoztlán valorada en 12 millones de pesos. El debate tomó impulso cuando medios publicaron datos de su declaración patrimonial: terreno de 1 201 m² y construcción de 259 m², donde el legislador reside desde hace varios años. Según sus defensas, la compró con sus ingresos y está “pagándola a crédito”.
La respuesta de Noroña: legalidad y trabajo
Ante los señalamientos, Noroña defendió con vehemencia la legitimidad de su patrimonio. Señaló que no recibió ningún beneficio ilícito ni privilegio; que la casa es resultado de su trabajo en el Senado y sus actividades en redes sociales, como YouTube, y que el pago se hace mediante crédito sin haber recibido nada de ninguna organización criminal. Además, descalificó a los medios por “hacer un escándalo” y exigió pruebas concretas si quisieran cuestionar su integridad.
Sheinbaum defiende y redirige el debate
En su conferencia matutina del 27 de agosto de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum intervino en defensa de Noroña. Preguntó a los periodistas qué era más relevante: “la casa de Noroña en Tepoztlán, donde vive desde hace no sé cuántos años” o la reciente afirmación del director de la DEA, Terry Cole, que puso al expresidente Felipe Calderón y a su secretario de Seguridad, Genaro García Luna, al nivel de capos como El Chapo o El Mayo.
Sheinbaum criticó que el escándalo se construyera para distraer de un asunto de mayor gravedad: los lazos entre exfuncionarios federales y el narcotráfico. Afirmó que muchos medios fueron “cómplices” por no haber alertado sobre esas declaraciones de la DEA durante años.
Defendió además que el inmueble no podía ser considerado mansión, sino una vivienda razonable, que Noroña paga desde hace un año con ingresos lícitos. Reiteró que, aunque no coincida con su visión personal, en el partido hay libertad de expresión y no ve fractura en Morena pese a los dislates de algunos militantes.
Contexto político y simbólico
Este caso no es aislado: representa un choque entre la retórica de austeridad impulsada por la Cuarta Transformación y las conductas personales de sus representantes. El señalamiento de la casa expone tensiones internas: por un lado, el discurso moralizante; por otro, las necesidades de quienes ocupan cargos públicos y ejercen actividades complementarias (como redes).
El contraste también alimenta narrativas de hipocresía y falta de coherencia ética. Y aunque la presidenta reafirmó unidad, las críticas por estilos de vida disonantes ya habían alcanzado a otros líderes, lo que agrava la tensión interna.
Posibles desarrollos
- Reacciones públicas: ¿habrá investigaciones formales sobre financiamiento o más defensas públicas de parte de Morena?
- Imagen partidista: el equilibrio entre austeridad y comodidad personal seguirá siendo foco político.
- Medios y agenda pública: el debate se coloca en torno a qué temas deberían priorizarse y quién define esa agenda.
Conclusión
La defensa de Sheinbaum a Noroña por su casa en Tepoztlán no es solo una coartada política: es una estrategia de redireccionamiento discursivo hacia temas de mayor peso simbólico (como los vínculos pasados con el narco). Sin embargo, el episodio refuerza interrogantes sobre la coherencia entre el discurso y la práctica dentro de un movimiento que predica austeridad, pero también agrega presión para que sus figuras públicas den muestras claras de congruencia.
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