La evolución reciente de las remesas en México
Los flujos de remesas hacia México, que por años han sido una de las fuentes más estables de divisas, muestran una contracción relevante en 2025. Para el cierre del año, se estima que los envíos totalicen alrededor de 61 810 millones de dólares, lo que representa un retroceso importante frente al crecimiento sostenido observado en ciclos anteriores.
Este descenso está influido por una combinación de factores económicos y migratorios que alteran la capacidad de envío de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos. La dinámica laboral ha cambiado: hay menos empleos formales disponibles para la población migrante, más incertidumbre normativa y un ritmo de contratación menos acelerado que en años previos.
Factores clave detrás de la caída
Uno de los elementos más determinantes es el llamado efecto base, resultado de que 2024 registró cifras excepcionalmente altas de remesas, haciendo que el comparativo interanual arroje una disminución abrupta, aunque no necesariamente estructural.
La menor estabilidad laboral entre los migrantes es otro factor central. La ralentización del mercado laboral estadounidense, junto con políticas migratorias más inciertas, impacta directamente en los ingresos disponibles para enviar a México. Además, en periodos donde el peso mexicano tiene una menor depreciación frente al dólar, el incentivo para transferir recursos disminuye, ya que el tipo de cambio se percibe como menos favorable.
También debe considerarse un fenómeno de desaceleración natural: después de más de una década de incrementos consecutivos, las remesas comienzan a estabilizarse, lo que abre espacio a ajustes negativos cuando las condiciones económicas no acompañan.
Implicaciones para México
La reducción de remesas afecta de manera directa a millones de hogares que dependen de estos recursos para cubrir alimentos, salud, educación y gastos cotidianos. Para muchas comunidades, principalmente en estados con alta dependencia de estos flujos, la caída podría profundizar brechas sociales y económicas.
En términos macroeconómicos, también existe un efecto sobre el consumo interno, pues las remesas suelen destinarse a bienes esenciales y servicios locales. Menos ingresos del exterior significan menor dinamismo para pequeñas economías regionales y una presión al alza sobre el endeudamiento de las familias.
A pesar de ello, el monto absoluto sigue siendo históricamente elevado, lo que sugiere que 2025 podría ser un año de ajuste más que una señal de colapso estructural. Sin embargo, el país deberá reforzar estrategias de inclusión financiera y diversificación de ingresos para mitigar riesgos asociados a esta tendencia.
Conclusión
La caída proyectada de las remesas en 2025 plantea un desafío notable para México. Aunque el descenso se explica en buena parte por factores temporales y comparativos, sus efectos sobre la economía familiar y regional pueden ser significativos. Comprender el origen multifactorial de esta baja permite anticipar políticas y acciones que protejan a los millones de hogares que dependen de estos recursos para su bienestar.
Referencias
- El Economista
- Aristegui Noticias
- BBVA Research
- Líder Empresarial
- Reuters
- SwissInfo
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