Regresan las bursatilizaciones carreteras en México

Las bursatilizaciones carreteras regresan… otra vez El mecanismo financiero de las bursatilizaciones carreteras, una figura conocida pero que había perdido dinamismo en años recientes, se perfila para experimentar un nuevo ciclo de auge en México. Este resurgimiento está impulsado directamente por los ambiciosos programas de infraestructura vial lanzados por el gobierno federal: el Programa Nacional de Infraestructura Carretera 2025-2030 y el Plan México, los cuales contemplan una inversión global de 369,814 millones de pesos para la construcción, modernización y mantenimiento de la red vial nacional en el próximo sexenio. Las bursatilizaciones funcionan esencialmente como un bono emitido sobre un proyecto específico, donde el respaldo para el pago a los inversionistas no es el crédito genérico del emisor, sino los ingresos futuros y predecibles generados por una carretera de cuota, generalmente a través del cobro de peajes. Este instrumento no es novedoso; tuvo su época dorada en la década de 2000 y principios de la pasada, cuando se utilizó intensivamente para financiar y refinanciar proyectos carreteros. Sin embargo, tras ese periodo inicial, la oferta de activos maduros y bursatilizables se agotó, lo que llevó a una fase de menor actividad. Operaciones recientes, como la bursatilización de los peajes de la autopista México-Puebla en 2019 —que colocó 6,164 millones de pesos con una demanda 2.4 veces superior—, demostraron que el apetito del mercado por estos instrumentos se mantiene intacto. Expertos como Alejandro De la Vega de Multiva e Ignacio García de KPMG coinciden en que el panorama actual es radicalmente distinto y más promisorio. La vasta agenda de obra pública plantea una oportunidad de financiamiento “enorme, como nunca la habíamos visto”, según De la Vega. La red carretera nacional, con sus 51,000 kilómetros federales, 104,000 estatales y 11,000 de cuota, además de un rezago histórico en conservación, presenta un campo fértil para proyectos en todas las regiones, desde corredores estratégicos para el nearshoring en el norte hasta vías prioritarias en el sureste. El contexto macroeconómico actual también favorece este resurgimiento. El ciclo de recortes de tasas de interés iniciado por el Banco de México, que ha llevado la tasa referencial desde niveles del 11.25% hasta el 7.75%, abarata progresivamente el costo de financiamiento para este tipo de emisiones. Además, una inflación contenida y cercana al objetivo del banco central proporciona estabilidad a los flujos de ingresos de los concesionarios, ya que las tarifas de peaje suelen indexarse anualmente al índice de precios. Del lado de la demanda, existe un interés garantizado por parte de inversionistas institucionales como las afores y las aseguradoras, las cuales buscan activos de largo plazo, con flujos predecibles y respaldados por activos reales tangibles, características que encajan perfectamente con las bursatilizaciones carreteras. Un elemento innovador que podría potenciar este mercado es el modelo de inversión mixta promovido por el Plan México. Bajo este esquema, el Estado mantiene la propiedad y el control de la carretera, pero contrata a un privado para que realice la inversión, el mantenimiento y la operación a cambio de pagos periódicos. Este tipo de contrato, con el gobierno federal como deudor principal, es visto por los especialistas como un activo “muy bursatilizable” y de bajo riesgo, lo que lo haría sumamente atractivo para el mercado de capitales. Sin embargo, los expertos aclaran que no todos los proyectos anunciados serán candidatos inmediatos. Las bursatilizaciones son un instrumento típicamente utilizado en la etapa de madurez de un activo, cuando este ya genera flujos de ingreso estables y predecibles. Por lo tanto, los grandes proyectos de construcción nuevos podrían tardar entre cinco y seis años en llegar al mercado de capitales mediante este mecanismo, dependiendo inicialmente de financiamiento bancario estructurado durante su fase de desarrollo. En el corto plazo, se anticipa una ola de emisiones vinculadas a la ampliación o modernización de carreteras ya existentes y concesionadas, incluso si ya fueron bursatilizadas en el pasado, ya que estas mejoras requieren nuevas inyecciones de capital. A mediano y largo plazo, el extenso portafolio del Plan México se convertirá en la materia prima para futuras bursatilizaciones. Los riesgos asociados, como una posible prestación deficiente del servicio en el modelo mixto o la dependencia de la solidez fiscal del gobierno, son considerados manejables por los analistas y ampliamente compensados por la estabilidad y seguridad que ofrecen estos contratos. En conclusión, la confluencia de una agenda pública ambiciosa, un entorno macroeconómico favorable, un modelo de asociación público-privada renovado y una demanda institucional ávida por activos de infraestructura, sienta las bases para un renacimiento sostenido de las bursatilizaciones carreteras, posicionándolas como una herramienta clave para movilizar el capital privado necesario para impulsar el desarrollo vial del país en la próxima década.

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