Ataque armado contra una vivienda ligada a Rocha
Una casa vinculada al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, fue atacada a balazos en Culiacán. La vivienda, ubicada en la colonia Las Quintas, recibió decenas de impactos durante la mañana del sábado, en un nuevo episodio de violencia que elevó la presión política sobre el mandatario sinaloense.
Latinus reportó que la fachada presentaba al menos 50 impactos de bala, mientras El País describió que un grupo armado abrió fuego contra la casa, de tres pisos, situada al oriente de Culiacán.
Una casa familiar, no necesariamente su residencia actual
Reforma reportó que se trataba de una antigua casa de Rocha, aunque el gobernador con licencia ya no la habitaba, de acuerdo con los primeros reportes.
El matiz es importante: el ataque no fue contra el Palacio de Gobierno ni contra un domicilio confirmado como residencia actual del mandatario, sino contra una vivienda ligada a su familia y a su historia personal. Aun así, el mensaje político y criminal del ataque resulta evidente por el contexto en que ocurrió.
El contexto: señalamientos desde Estados Unidos
El ataque se registró días después de que el caso de Rocha Moya escalara en Estados Unidos. El País reportó que la investigación estadounidense contra el gobernador se desprende directamente del caso judicial de Los Chapitos y que documentos de la Corte del Distrito Sur de Nueva York lo señalan por presunta colaboración con esa facción del Cártel de Sinaloa.
Según ese reporte, las acusaciones apuntan a una presunta operación electoral en 2021, en la que integrantes del grupo criminal habrían intimidado rivales, robado boletas y presionado votantes para favorecer su llegada al poder. Rocha Moya ha negado vínculos con el crimen organizado.
La licencia y la presión política
El ataque también ocurre en medio de la licencia solicitada por Rocha Moya, una decisión tomada después de que aumentaran los señalamientos en su contra y creciera la presión política sobre Sinaloa. La separación temporal del cargo no ha cerrado la crisis; al contrario, el ataque armado mostró que el conflicto ya no se limita al terreno judicial o diplomático.
La violencia en Culiacán se cruza con acusaciones internacionales, disputas dentro del Cártel de Sinaloa y la fragilidad política del gobierno estatal.
Las Quintas, otra vez en el centro
La colonia Las Quintas no es un punto menor dentro de la narrativa de violencia en Culiacán. El ataque a una vivienda de alto perfil en esa zona vuelve a exhibir la capacidad de grupos armados para actuar en zonas urbanas visibles y enviar mensajes directos sin que eso implique necesariamente un enfrentamiento abierto con autoridades.
El hecho de que la fachada quedara marcada por decenas de disparos refuerza la lectura de intimidación. No se reportó únicamente un tiro aislado, sino una descarga prolongada contra una propiedad vinculada a un político bajo investigación y presión pública.
El caso Sinaloa se agrava
La crisis alrededor de Rocha Moya ya venía acumulando capas: acusaciones judiciales en Estados Unidos, denuncias civiles en México, presión diplomática, violencia local y una guerra interna entre facciones del Cártel de Sinaloa.
El ataque a la casa no prueba por sí mismo quién está detrás ni cuál fue el móvil. Pero sí confirma que la tensión en torno al gobernador con licencia llegó a un nuevo nivel: de los expedientes y discursos pasó a un hecho armado contra una propiedad asociada a su entorno.
Una señal para Sinaloa y para la Federación
El gobierno federal enfrenta ahora un problema doble. Por un lado, debe responder a los señalamientos estadounidenses sin aceptar automáticamente acusaciones externas. Por otro, debe garantizar seguridad en Sinaloa mientras la violencia política y criminal escala alrededor de un gobernador señalado.
La agresión contra la casa de Rocha Moya pone a prueba esa narrativa. Si la autoridad no aclara quién atacó, por qué y con qué objetivo, el hecho quedará como otro mensaje de impunidad en una entidad marcada por la disputa criminal.
Un ataque que profundiza la crisis
La casa baleada en Culiacán no es un episodio aislado. Es parte de una crisis más amplia que mezcla acusaciones de narcopolítica, disputas internas del Cártel de Sinaloa, presión judicial de Estados Unidos y violencia directa en territorio sinaloense.
Rocha Moya ha negado los señalamientos en su contra, pero el ataque confirma que el caso ya tiene consecuencias más allá del terreno político. Sinaloa vuelve a quedar en el centro de una tormenta donde la frontera entre poder, crimen y violencia se vuelve cada vez más difícil de separar.
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