Cincuenta imágenes recorren casi cinco siglos de herramientas científicas
Luis Javier Plata Rosas reunió en 50 imágenes geniales de la ciencia visualizaciones creadas entre 1543 y 2022, desde el modelo heliocéntrico de Copérnico hasta la imagen de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo del centro de la Vía Láctea.
El recorrido incluye dibujos, mapas, gráficas, fotografías y simulaciones que no funcionaron únicamente para explicar descubrimientos. En distintos momentos, esas representaciones permitieron encontrar patrones que los datos aislados no mostraban. La historia de la ciencia también puede leerse como una evolución de las herramientas utilizadas para convertir observaciones en imágenes comprensibles.
Darwin dibujó una idea antes de poder desarrollarla por completo
Uno de los ejemplos es el boceto del árbol evolutivo que Charles Darwin trazó en 1837 en su cuaderno sobre transmutación de las especies. Sobre el dibujo escribió “I think” y utilizó ramas para representar relaciones entre organismos, una forma visual de trabajar una hipótesis que todavía estaba desarrollando.
El libro extiende esa lógica hacia otras disciplinas: el mapa del cólera de John Snow, el diagrama de mortalidad de Florence Nightingale o las imágenes de difracción de rayos X asociadas con Rosalind Franklin y Raymond Gosling. En todos esos casos, visualizar permitió organizar observaciones de una manera que podía sugerir relaciones y nuevas preguntas.
Las imágenes científicas dejaron de depender únicamente del ojo
La evolución tecnológica cambió también qué significa “ver”. Microscopios, radiografías, fotografía, sensores y computadoras ampliaron progresivamente fenómenos que el ojo humano no puede observar directamente, mientras la visualización se convirtió en una etapa de interpretación de mediciones.
Plata Rosas plantea precisamente que estas imágenes son herramientas de pensamiento y no adornos del resultado final. El criterio de selección busca mostrar cómo una representación puede estimular explicaciones, revelar tendencias y conectar disciplinas distintas.
Sagitario A llevó esa idea hasta la supercomputación*
La última imagen del libro muestra cuánto cambió el proceso. Para reconstruir Sagitario A*, el Event Horizon Telescope combinó observaciones de ocho radiotelescopios y utilizó supercomputadoras para procesar los datos; sólo Frontera aportó cerca de 80 millones de horas de CPU.
Cinco siglos separan un esquema dibujado a mano de una imagen construida con instrumentación distribuida por el planeta. La función, sin embargo, permanece: convertir datos difíciles de interpretar en una forma que permita descubrir algo que antes no podía verse.
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