El reto de comunicar lo complejo sin simplificar en exceso
La divulgación científica enfrenta un desafío que parece contradictorio: explicar conceptos altamente técnicos sin perder precisión, pero al mismo tiempo sin abrumar a quienes no tienen formación especializada. Autores como Peter Brannen, divulgadores contemporáneos y periodistas científicos experimentados coinciden en que la clave no es “simplificar”, sino traducir la complejidad mediante estrategias narrativas que conecten con experiencias humanas universales.
El objetivo de la divulgación no es reducir la ciencia a algo trivial, sino abrir la puerta para que más personas la comprendan, la disfruten y la usen para interpretar el mundo que les rodea.
Contar historias: el vehículo más poderoso para la ciencia
La ciencia nació para contestar preguntas, y las historias también. Por eso, una de las herramientas más eficaces para hacer accesible el contenido complejo es la narrativa.
Los divulgadores más exitosos no empiezan explicando ecuaciones o mecanismos moleculares, sino planteando una pregunta poderosa:
¿de dónde venimos?, ¿qué ocurrió aquí hace millones de años?, ¿cómo sabemos que un planeta es habitable?, ¿qué significa que una partícula exista por una fracción minúscula de segundo?
Las historias no sustituyen a los datos, pero los organizan, dan contexto, generan curiosidad y permiten que el lector avance sin sentirse perdido.
Usar metáforas sin caer en la imprecisión
Las metáforas, analogías y comparaciones son herramientas clave para traducir ideas técnicas. Sin embargo, deben utilizarse con cuidado para no generar conceptos erróneos. La regla es clara:
- Una metáfora debe ilustrar, no reemplazar los conceptos reales.
- Debe ser exacta en el espíritu del fenómeno, aunque simplifique algunos detalles.
- Debe aclarar qué es metáfora y qué es descripción literal.
Por ejemplo, comparar la atmósfera terrestre con un “filtro delgado que envuelve al planeta” ayuda a visualizar su fragilidad sin sacrificar rigor científico.
Introducir lo técnico de manera gradual
Una técnica eficaz para abordar temas muy complejos (como astrofísica, biología molecular o geología profunda) es el ascenso gradual: comenzar con lo familiar y avanzar paso a paso hacia lo desconocido.
Este enfoque permite que el lector:
- Asimile conceptos en secuencia,
- construya entendimiento de forma progresiva,
- y llegue a dominar ideas que al inicio parecían inaccesibles.
La clave está en evitar “tirar” conceptos técnicos al lector sin contexto; cada término debe aparecer cuando el lector ya tiene una base mínima para comprenderlo.
Elegir qué explicar y qué omitir
No toda la complejidad necesita aparecer en un texto de divulgación. Parte del trabajo del divulgador consiste en seleccionar la información esencial, aquella que permite comprender el fenómeno sin saturar al lector con detalles instrumentales, fórmulas matemáticas o elementos estadísticos que no aportan al objetivo narrativo.
Explicar todo es tan malo como explicar demasiado poco; la divulgación es un equilibrio entre exactitud y claridad.
Presentar la incertidumbre como parte del método científico
La ciencia real no siempre tiene respuestas claras. A veces tiene hipótesis, debates, márgenes de error y modelos que evolucionan. Muchos divulgadores cometen el error de ocultar esta incertidumbre para “no confundir” al lector, pero los comunicadores más efectivos hacen lo contrario:
- Presentan la incertidumbre como parte del proceso científico.
- Explican por qué existen diferentes interpretaciones.
- Muestran cómo los datos pueden cambiar a medida que se obtienen más observaciones.
Esto no solo hace accesible la ciencia, sino que construye confianza, porque muestra honestidad sobre los límites del conocimiento.
Humanizar la ciencia a través de los científicos
Contar quién hizo un descubrimiento, qué intentaban resolver, cuáles fueron sus dudas y qué obstáculos enfrentaron, convierte un concepto abstracto en una historia humana.
Los lectores conectan emocionalmente cuando entienden que detrás de cada ecuación o experimento hubo:
- una persona que cometió errores,
- alguien que dudó,
- alguien que se obsesionó con una pregunta,
- alguien que luchó contra la frustración hasta resolver un problema.
Humanizar la ciencia no resta rigor: la hace más memorable.
Claridad no es simplismo: es responsabilidad
Un texto accesible no es un texto “básico”; es un texto que respeta al lector. La claridad exige:
- estructurar ideas de forma lógica,
- definir términos sin paternalismo,
- evitar la jerga innecesaria,
- y mantener precisión en cada afirmación.
Cuando la claridad se vuelve prioridad, la ciencia deja de ser intimidante y empieza a ser un territorio en el que cualquier persona puede empezar a explorar.
La divulgación como puente entre mundos
Hacer accesible la ciencia más técnica no es un acto de reducción, sino de traducción cultural. Permite que la investigación —a menudo encerrada en laboratorios, modelos matemáticos y bases de datos— se convierta en un bien público comprensible.
Este puente es esencial para:
- formar ciudadanos críticos,
- combatir la desinformación,
- inspirar nuevas vocaciones científicas,
- y conectar el conocimiento con decisiones sociales, políticas y éticas.
La divulgación es, en esencia, una forma de ampliar el mundo de quienes la leen.
Referencias
Ensayos y guías de divulgación científica contemporánea
Buenas prácticas de periodismo científico y narrativas explicativas
Material de formación sobre comunicación pública de la ciencia
Obras y metodologías de divulgadores reconocidos
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